Vides de muchas décadas: menos uva, raíces hondas, expresión más nítida.

Las cepas viejas rinden poco y enraízan hondo. El racimo es escaso; el mosto, intenso. No hay una edad mágica: hay un estilo.

En Delampa, vinos como el 50 años nacen de esa idea: medio siglo de viña, no de eslogan.